Cuando lo que aprendes de 2.0 ocurre por ensayo y error, llegar a sentirte cómoda con la herramienta es un logro redoblado. Declaraba en días pasados para una querida amiga en Argentina, que de las características que más aprecio del gentilicio al que pertenezco, la horizontalidad sociológica es mi favorita, eso que los mexicanos tienen a bien calificar como “igualados". He sostenido conversaciones maravillosas con personas que conozco casualmente: en un vagón de Metro, en la cola para hacer solicitud en servicios de comida rápida, incluso, y de las más graciosas, en un baño de damas que siempre gozan de una congestión inusual en los masculinos.
Y para mí, la 2.0 explaya de una manera fabulosa todo cuanto de igualados nos define. Aquí no importa profesión, edad, raza, orientación sexual ni moción política. Tú haces el tema, acompasas tus procuras con los comentarios de otros, te vas fundiendo dinámicamente entre centenares de voces diversas que dan franco latido a todo lo que de democracia crees perdido en otras aristas de la vida cotidiana.
En ese estricto sentido, la categorización por estamento, popularidad, nivel de influencia, momento de apertura de cuenta, cantidad de post o tweets, retuiteos o menciones cada viernes, sólo cumple una de las fascinaciones comunes del ejercicio de un buen vocero: la estadística. Y la estadística da para todo. Quizás, con un gobierno empeñado en ocultar sistemáticamente sus desmanes y falta de gerencia, la invención de otras fuentes que nos expliquen el ser y hacer, van cobrando sentido en unas redes sociales aún -afortunadamente- ingenuas.
Y si tu propia capacidad creativa no resulta atrayente, lo suficiente como para convertirte en el comentario o la referencia de otros, entonces tienes que inventarte el asidero que sirva de polea para tu salto de fama digital. Esta mañana me llevé un disgusto escuchando una declaración dentro de un panel bien heterogéneo que hablaba de tecnología, que “evaluando” la fotografía que acompañó la crónica más reciente sobre el Tweet&Tequeños dijo: “podrán ver que todos los asistentes estaban viendo sus teléfonos y no sus rostros”. Tal juicio obtuvo por respuesta por parte de la entrevistadora la frase: “¡Qué patético!”.
¿Y si de repente asisten al próximo? ¿Y si se abren a la posibilidad de escuchar las historias interminables de Dariusz, ven el ombligo de Kira al fotografiar, rescatan a johkhz de su sempiterna timidez, o se ríen con las ocurrencias de jamaldo? Les prometo que no faltan voces, ni miradas, ni malos tequeños -pues casualmente aún no hemos encontrado un local con tequeños buenos-; vamos, es un ejercicio sabrosísimo darle rostro a esas arrobas con las que logramos, poco a poco, establecer diálogos y lecturas.
Yo conservo la ilusión de darle un abrazo a libreros o jorgeletralia, para en ellos agradecerles todo cuánto he aprendido con su acertada manera de acercarnos a la literatura. Como lo hice hace poco con infelix, vampy, aamg, uraisa, dawarg, maverick2029, croncho y tantos otros que justo por vivir en ciudades diferentes se hace más complicado, pero no imposible.
Yo quiero conocer a un gentío, con la posibilidad y el ritmo que esta cruza de lo digital a lo personal permite en nuestra agenda, empero, eso no supone ningún tipo de obligación o tensión por las expectativas de pertenecer, por el rubro que sea, a las listas de nadie, tanto menos si encuentro como rendija, crear una lista punitiva para aquellos cuya correspondencia entre la gente a la que sigue y aquellos por los que es seguido no tiene “equilibrio”. En eso admiro a mi consorte, capaz de seguir conversaciones simultáneas de 7 países, leer dos libros en sala, tres en baño, uno en cama y 6 en la oficina, trabajar, chatear y twitear sin complicaciones. No me avergüenzan mis limitaciones, es probable que no esté capacitada para eso, así que mantengo un sincero número de gente a la que me encanta seguir, otros a los que voy descubriendo, descarto e incluyo, y agradezco siempre que tantas y tantos tengan a bien incluirme en esos minutos dedicados a narrar y narrarse.
La mejor correspondencia se construye con confianza y diálogo, no con adjetivos ni listas punitivas; esas sólo sirven para alimentar el drama que ha roto velozmente nuestra manera de vivir en comunidad, sino preguntémosle al estólido Tascón qué le dio fama.
sin pasión ni pecado, ni locura ni incesto,
tener en cada puerto un amante distinto,
no gritar qué he echo yo, para merecer esto…”
Yo quiero ser una chica Almodóvar
Joaquín Sabina
P.S: Mencioné en un tweet a mis chicas Almodóvar, como una manera de honrar las tantas risas que me producen sus acertados comentarios. Por cierto, mi querida blueesoul, tú también entras en esa lista, ya la crearé en mi cuenta ;)

















