Manual mínimo de obligaciones verbales revolucionarias

Si usted va a convertirse en un funcionario público de la República Bolivariana de Venezuela, pero uno de alto rango, un 99, de esos de libre nombramiento y remoción, usted necesita estudiar, memorizar, ensayar y declarar estas frases. Si no, corre altísimos riesgos, desde simplemente perder su curul, hasta ser descalificado con palabras que encontrará en el numeral ocho (8). Así que, copie, pegue y ensaye:

  1. Ante cualquier persona o personalidad que exhiba en sus opiniones, una perspectiva que contraríe la oficial: “Es un agente de la CIA”. Ya existe suficiente desinformación en el imaginario público para completar lo que eso significa.
  2. Si llegasen a repetirse declaraciones de diversos actores públicos amonestando decisiones de gobierno: “Ese grupo forma parte de un plan de desestabilización”. Aprenda desde ahora que la crítica desestabiliza, y nada más.
  3. Habida cuenta de la diversidad de problemas profundos en el país, y ante la inminencia de una crítica generalizada que incluya también opiniones populares: “Estamos construyendo la revolución. La revolución necesita más tiempo. Este es un proceso que apenas se está formando. Antes duraron 40 años, nosotros apenas vamos por diez”.
  4. En el marco de un proceso electoral, cuyas mediciones preliminares no sean favorables a la moción del partido de gobierno, y muy especialmente al candidato en cuestión, recuerde por favor decir: “Se está gestando un magnicidio”. No se preocupe, en ninguna de las oportunidades que se ha utilizado esta afirmación, han sido necesarias pruebas, y de haberlas acumulado y presentado ante la instancia pertinente, hasta ahora esos casos no han sido ni comprobados, ni presentadas sus conclusiones a la opinión pública.
  5. Cada vez que aparezcan rumores que supongan la influencia que sobre las decisiones de gobierno pudieran tener nuestras FFAA, usted debe decir: “El Presidente es impresionable”.
  6. Si llegase a ser invitado de honor a una alocución presidencial, sobre todo si la misma será transmitida en cadena nacional, recuerde que deberá vestirse de impecable rojo y aplaudir con vehemencia (y alta frecuencia), pero relájese, en ellas por lo general le tocará repetir los vítores que elija el máximo líder, y de ser usted interrogado unipersonalmente más le vale que tenga números significativos y aprenda a decir con humildad: “Sí, señor Presidente”, “Como diga usted, mi comandante”, “A sus órdenes, señor Presidente”. Sus manos, deberán estar sujetas detrás de su espalda.
  7. Independientemente de su congruencia, pues esta es una variable innecesaria, introduzca varias veces en sus discursos positivos las palabras: revolución, bolivariana, socialismo, patria, pueblo, venceremos, entre otras. En la medida que adquiera experiencia el resto de la jerga mínima le llegará prácticamente por intuición.
  8. En el caso de sus alocuciones peyorativas, aquellas en las que deba referirse a sus contrarios, perdón, a sus enemigos, o sea, a la oposición, no olvide bajo ninguna circunstancia la mención de todas estas palabras: escuálidos, odio, apátridas, oligarcas, rencor, pitiyankis, enemigos (de la patria), terroristas, no volverán, imperialistas, capitalistas (fájese para explicar la condena que supone el dinero para cualquier virtud cívica y humana). Recuerde que “animalizar al otro” ha sido desde hace mucho tiempo una gran herramienta en el mundo militar, por lo que es importante que tenga algunas palabras aprendidas, del tipo: cachorros (del Imperio), burros, borricos, etc.
  9. Cuando haya cometido algún error, que por cosas del destino haya sido reseñado en algún medio de comunicación social, es imprescindible el uso de: “Los medios privados de comunicación social sólo responden a los intereses de sus jefes que por estar lejos del pueblo, buscan perjudicar la revolución y sus progresos”. Échele la culpa al “medio”, ni por error se la endilgue a usted, así sea un corrupto de primera línea.
  10. De utilidad oceánica, universal, histriónicamente ensayada, con ritmo y sabrosura: “Chávez los tiene locos”. Le juro que da para todo.
  11. Y, si por error llegase a usted a ser cuestionado en su fervor revolucionario, no omita la frase que anunciara allá en Pdvsa, un cambio radical en el orgullo por el color del partido de gobierno y del Estado íntegro, a ver, repita allí: “Yo sí soy rojo rojito”.
  12. Finalmente, su mantra, su eslogan, su lema, la frase primera con la que sellará, más allá del Himno Nacional y su parada firme, cualquier presentación socio política; el amén de su causa: “Patria, socialismo o muerte”. ¡Epa! Ni se le ocurra cambiar su postura frente al público y el micrófono hasta que escuche con vigor la respuesta: “¡Venceremos!”.
Le doy mi palabra de honor, que con estas doce sugerencias puede comenzar usted a declarar en radios comunitarias, en el canal de todos los venezolanos, en el de la Asamblea, Ávila, Vive o el que sea. Eso sí, ensaye frente a un espejo, la convicción marca una diferencia sustancial en la emotividad del vocero.
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Si mis humildes lectores tienen a bien alimentar este brevísimo resumen, los comentarios están abiertos para sus contribuciones, sugerencias, críticas, modificaciones y demás indicaciones.

Internet ¿violencia prioritaria?

15 mayo 2009

Esta semana fue emocionalmente agotadora en el programa de radio. Decidimos tratar de profundizar, con la experiencia de diversos especialistas, de qué hablamos cuando decimos que nuestro país es hoy descomunalmente violento, que la intimidación que nos produce el progreso de este flagelo no es exclusiva, ni aislada. Una de las lecciones aprendidas es que tomará al menos una generación (30 años), revertir significativamente los efectos que el sistema de violencia ha instalado en nuestro imaginario colectivo. Un ejemplo que todos hemos vivido es esa frase al saber que alguien fue asaltado: ¡gracias a Dios no le pasó nada!

En este orden, ser asaltado, robado, atracado, agredido: es nada. Lo importante es que permaneces con vida, y por ello se agradece al delincuente que ejecuta el delito que no te mate. Preservar la vida en un país donde nada la garantiza -sólo la suerte, el ánimo del agraviador o la baja influencia de estupefacientes al momento del robo- es un logro.

¿Qué tiene que ver esto con Internet? Pues, que una causa repetida por parte de nuestra audiencia, es que los muchachos se la pasan horas frente a la computadora, practicando juegos violentos en el cibercafé. Que la Internet sólo trae pornografía y cosas perjudiciales. La pregunta fundamental: ¿dónde están las madres y los padres de los muchachos que “se la pasan en el ciber” ensayando violencia? Porque son ellos y nadie más, los responsables sobre el uso que sus hijos le dan a una herramienta de tan infinitas posibilidades como la Internet.

Hoy aproveché la ocasión para enfatizar que lamentablemente el Presidente de la República emitió un decreto ley (Decreto 6.649) contra algunos gastos suntuarios del Estado, y por las razones que sea, el primer rubro de restricción es la Internet. No pasaron diez minutos de mi intervención cuando recibimos un mensaje de texto con este contenido: “Decir eso de la Internet y el Presidente es falso, es pura manipulación”; y a pesar que mi compañero hizo el amague de continuar la lectura de otros mensajes, volví a explicar de qué se trata el decreto ley y qué había dicho.

Me cayó una locha: tenemos tanta disparidad entre las leyes escritas y las que ejecutamos, sufrimos una debilidad institucional tan honda, que es difícil tomar en serio estas decisiones -leyes- si no son “impuestas”: como la presencia de un fiscal de tránsito que te “obliga” a respetar la luz del semáforo, o esas colas en un local cuyo formato y orden queda establecido por tubos con cintas. Vale decir, que nos resulta poco preocupante que ese decreto haya aparecido en Gaceta Oficial, pues el ejecútese sólo ocurrirá cuando le de la gana al Presidente.

Hacer la denuncia sobre la importancia de la Internet y la necesidad de verle excluida de la categoría de gasto suntuario, es manipular la opinión pública. La campaña sobre lo prioritario de la Internet es una “maniobra”, pues, toda crítica al gobierno-Estado es un acto de desestabilización. Estamos en un proyecto de poder, en el que la lógica no importa, pues estás destruyendo un sistema de gobierno para imponer otro, pasando de un Estado paralelo –vía Misiones- a la creación de una estructura en la que por ejemplo, la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (CONATEL) no responderá al Ministerio de Ciencia y Tecnología o al de Comunicación e Información, si no a Obras Públicas, lo que coloca sus acciones y políticas, al criterio del corrupto que mayor financiamiento ha otorgado al principal partido de gobierno, y por ello, independientemente de las pruebas que se presenten sobre sus agravios, jamás será juzgado si la decisión sigue dependiendo de esta Asamblea Nacional unicolor.

Mi compañero se molestó por mi doble intervención con el tema de la Internet, sugirió solapadamente que nos desviaba del tema que estábamos tratando. Pero no. Hay una probada correspondencia entre el incremento del acceso a nuevas tecnologías y la disminución de la violencia. Una pequeña arista para explicarlo: una sala de computación se convierte en un espacio seguro para que una niña, niño o adolescente, invierta su tiempo de recreación.

Nada como la tecnología para acercarnos al progreso, para difundir y gestar conocimiento, para enseñar a nuestros niños el valor de lo local con proyección global. De hecho, ustedes y yo no estaríamos compartiendo estas líneas sin la Internet como recurso, en lo absoluto superfluo, jamás suntuario: la Internet es prioritaria.


¿Quieres unirte a la campaña? ¡Visita esta dirección!: http://www.red.ula.ve/internetprioritaria/

Decir adiós, limpiar el closet

06 mayo 2009


Había dos cosas que detestaba enormemente cuando era pequeña, una, la más obvia, que me castigaran si me portaba “mal”, básicamente porque en ese saco entraban eventos muy diversos, desde responder como una “altanera” –defecto que aún no sé si he corregido- hasta una boleta donde nuevamente se demostrara mi profunda incomprensión en matemáticas y mi práctica permanente de conversar hasta con las palomas que vigilaban las barandas del colegio. La otra, era el día de la evaluación, limpieza y arreglo del closet.

Qué cosa tan insoportable. Nunca he sido de sueño ligero ni tendencias madrugadoras, y ahí empezaba mi disparidad, porque si algo adora mi mamá es empezar las cosas temprano. Entonces, dormida y malhumorada, veía como mi nana y ella iban sacando todas mis cosas del closet, separándolas concienzudamente de las de mi hermana, y comenzaba aquel intercambio de información según el cual, ella y yo estábamos usando esta braga y aquella no, si el vestido amarillo me quedaba bien o mal, o si esos zapatos lucían más gastados de lo aceptable. Yo sorteaba entre sus ojos, tratando de intervenir, pero a fuerza de cariñitos en la cabeza, trataban de sacarme de la ecuación y muchas veces vi como se colocaban en bolsas muy bien arregladas, mi ropa favorita, mis zapatos preferidos, las colitas que juraba me quedaban mejor y lo peor: algún juguete amado.

La fajada de Noris Teresa –mi madre- volvía a plancharlo todo antes de decidir su destino, y si eran vestidos, los separaba en papel de seda, detalle que por supuesto aumentaba su belleza ante mis ojos, y me hacía inaudito su desincorporación de mi “ajuar”. Así se fueron: un vestido azul marino de flores blancas chiquiticas que usé en decenas de ocasiones y adoraba porque la tela del fondo me hacía cosquillas al rozarme la piel cuando jugaba. Así perdí un perro chillón de ojos y orejas tristes, factura Fisher Price, que aún no olvido y de paso nunca más produjeron. Unas botas de gamuza verde perico, unos lazos rojo escarlata, y más. No todo era malo, muchas veces heredé cosas de Nahir, y me resultaba buenísimo ir midiendo mi crecimiento por ahí, cuando ya alcanzaba a mi hermana –antes de rebasarla-.

Pasó un tiempo, un tiempazo para entender la bendita frase con la que mi mamá sellaba cualquier protesta: “si no sacas hoy, ¿dónde piensas meter mañana?”.

Cuando vi Walle, me sentí totalmente identificada con el personaje. Un montón de cachivaches y perolitos que nadie evalúa como útiles hasta que te toca usarlos y entonces ¡ja!, todos comprenden por qué los tenías. Digo esto porque más de una vez traté de hacer trampa, colaba mis manos pequeñas en alguna bolsa para rescatar una franela o un par de ganchos, y como sabía que podían regañarme, terminaba acumulándolos en una caja por aquí o por allá, y llegué a mi adolescencia y entonces decidí realizar mi propio baldeo. Cada vez más libros, y libros y libros que no tenía donde meter, y cualquier espacio era bueno para albergar esas joyas que me develaban cosas maravillosas que alguien tuvo a bien escribir y otro publicar. Y cada vez que demandaba una biblioteca más grande, me salían con la bendita frase: si no sacas hoy, ¿dónde piensas meter mañana? Y yo por dentro: ¿quién carajo les dijo a estos seres que yo voy a deshacerme de un libro como de un par de zapatos? Que extrañaría igual a Julio Verne que a mi saquito de metras ¡no, qué va!

Pero todo llega, y en efecto, la colección de Agatha Cristhie comenzó a parecerme una idiotez frente a otras historias que leía y admiraba. Y mis autores cambiaron y me vi arreglando cajas en cuyas tapas colocaba unas hojas de colores muy lindos, y escribía con el mayor cuidado del mundo, los títulos y autores de cada libro que donaría. Los soplaba, le pasaba paños secos por los bordes y tapas, los abría como oráculos blancos, buscando que el azar me regalara una página cuyas letras pudiera retener en la cabeza, para así jamás olvidar que lo había leído. No siempre funcionaba, pero más de una vez he visto la misma edición en manos de otras personas y sonrío sola imaginando que es la mía y tramando las rutas que pudieran conectarnos.

Eso me regaló mayor disciplina y criterio para comprender que hay obras que “debes” tener contigo y otras que aún siendo grato leerlas, puedes dejar correr en otras manos, independientemente de lo que pagaste por ellas, antes de tener un libro muerto en una estantería, es mejor circularlo.

Y entonces el amor. Justo ayer vi esta corta entrevista con Emma Thompson y me conmovió: http://www.elpais.com/multigalerias/elpgal/nunca-es-tarde-para-enamorarse-emma-thompson-dustin-hoffman/20090505elpepucul_1/Zes

Estoy segura que al verla sabrán por qué. Déjenme arrimarme a sus minutos, 5, 6 y 7. A esa diferenciación entre la valentía –y el poco riesgo- de nuestras decisiones para mandar al cipote a alguien cuando tenemos 15 o 20 años, y cómo la cosa se nos complica y pesa tanto en la medida que ganamos no sólo edad, si no, con suerte, madurez.

Entonces es más doloroso desde toda perspectiva. La ventaja la tiene quien toma la decisión, el o la que dice adiós, y además si alguien hace acopio de las virtudes del que está dejando mientras lo hace, es lo mismo que cubrir con papel de seda una prenda que te gusta. Las mujeres nos hacemos solidarias en estas circunstancias, tendemos a ser empáticas ante al dolor de otra –una extensa preparación para el drama nos precede- y es sencillo sentir el dolor que supone que alguien te diga: “no funciona”, “lo dejamos hasta aquí”, “terminemos”.

Cuando desembarqué de mi relación anterior, aún conciente de sus virtudes, necesité hacer foco en otras aristas, porque es paradójico y hasta falaz decirle alguien que es un ser humano maravilloso pero amén de eso, no quieres estar con él. El desamor –para quien lo plantea- necesita arraigo en la esperanza futura, en la promesa que aún no llega, en lo que sucederá. El desamor para el que es dejado, necesita rabia, rencor, tirria. El desamor es el closet vacío que de alguna manera irás llenando y por eso terminar con halagos es peor que amoblarle tres veces un apartamento al que se deja, porque el absurdo te mata, porque el dolor te asfixia. No es de gratis que tantos escritores de telenovela hayan optado por la escena en la que el protagonista le hace una marramucia ficticia a la muchacha, no más pa’ que ella se crea que es un perro sarnoso y se quede odiándolo. Así es más fácil.

No te quiero más conmigo, y, te quiero, no pueden ir en el mismo guión. Mezclar ambas cosas suma categorías muy distintas. Bastante dinero ha ganado la obra “No eres tú, soy yo”, pero antes se decía: “ahora te quiero como una amiga”. Y después que aquel que es dejado llore a mares, se haga mil preguntas, le pinte cachitos a tus fotos, le cuente su historia común a todos sus amigos, te deteste, se emborrache, te piense, te llame y cuelgue, te olvide, te llame y hable, te vuelva a pensar, etc., se abren unos escaños inimaginables para ex amores, en los que los productores/guionistas de cualquier teleserie gringa se quedan cortos. Las opciones son infinitas.

Como las páginas de un libro que deseas no olvidar que leíste pero igual olvidas; como uno que apenas hojeaste y lo tienes clavado en el hipotálamo, o como una sentencia que te ayuda a reinterpretar muchas cosas… luego pues, no es fácil limpiar el closet, tanto menos decir adiós, pero si no sacas hoy, ¿dónde piensas meter mañana?

Inspirado en el adiós de un gran amigo a un gran amor.

4:40 Proselitismo aunque tiemble

04 mayo 2009

Obviamente ando medio turuleca: se me cortó el sueño. Mi mamá está con movilidad reducida, por lo que la primera reacción fue verla. Mi papá roncaba hondamente, envuelto en su gruesa cobija, la mejor adarga frente a las consistentes brisas que arrojaba la lluvia iniciada en la noche y que a esa hora aún mostraba su capacidad y la lejanía del cese.

Twitter vuelve a demostrar su inmenso valor. Una comunidad que afortunadamente seleccionas y te selecciona a placer, narrando su experiencia, diciendo lo que le pasó sin poder exceder sus 140 caracteres, el mejor incentivo para la gestación de buenas síntesis y sintaxis.

Primero le dije a LuisCarlos que se encargara del programa de radio porque el palo de agua por la casa seguía monumental, pero qué va, la manera cómo fue desatándose la agenda “informativa” en los “medios” me hizo reconsiderar la decisión, mientras buscaba la chaqueta con la que probablemente me empaparía menos.

El mototaxista amablemente me advirtió de lo complicada que estaría la ruta por lo que no usaríamos nada de velocidad (Dios existe). De seguido me explicó el método para montar las piernas sobre las suyas de modo de no ensuciarme la ropa. Le expliqué que yo jamás audicioné para el elenco del circo de los Hermanos Gasca, así que mis pies se quedarían allí donde estaban, y ya me encargaría yo de sacarle a los zapatos y jeans los pegostes que acumulara en nuestra ruta.

En el programa de radio me guindé, es insólito que una circunstancia como esta también sirva para la diatriba política. Ravell comunica lo del temblor sobre la base de la falta de información “oficial”. Perfecta plataforma para que todos los medios, periodistas, voceros y ministros (oficiales, claro está) le brindaran mayor importancia este señor que a la necesidad de información que requería la gente antes de salir de sus casas. La ministra Eckhout se fumó además de la tradicional limpia, unas costillitas y pote de arroz frito especial, antes de rendir declaraciones sobre el poder de la naturaleza y su necesidad de venganza por los daños que la humanidad le ha hecho avalados por el capitalismo, alejándonos de la sabiduría de nuestros ancestros indígenas.

El segundo conflicto político se desata entre Ledezma y el ministro de educación, pues el primero decretó suspensión de clases para revisar la infraestructura escolar y el segundo amenazó con botar a los docentes y personal administrativo que no asistiera a los planteles. La normalidad de la situación fue una imposición de los voceros oficiales, como si las réplicas fuesen una tontería y el miedo se controlase escuchando la voz de Jesee Chacón, que vete tú a saber qué cuernos tenía que declarar en esto. Por supuesto un montón de gente dejó a sus muchachos en la casa "porsia".

Funvisis dijo que no declararía hasta las 8.30 a.m., hora en la que tendrían su rueda de prensa oficial ¿y mientras tanto? La gente pegada a la televisión o a un radio. Hoy en la Gran Caracas ha habido racionamiento eléctrico pues anoche se cayeron siete torres eléctricas. Ya estaba decretado el inicio de la temporada de lluvias y se ha cumplido ¡por fin Cajigal!

Lo más grave es que si llegase a ocurrir un verdadero sismo, nuestras debilidades están más que probadas, tenemos fallas considerables en infraestructura que no necesitan de enfrentamientos de opositores o defensas revolucionarias, antes bien, ojala comencemos a prestarle atención a las recomendaciones que durante años han realizado la gente de Protección Civil (otrora Defensa) los bomberos y hasta la Cruz Roja con sus equipos de rescatistas. Pareciera que a 10 años de la tragedia de Vargas-Miranda, la lección sobre la prevención no está asimilada.

Cuando escucho a Jesee Chacón decir que "todo está controlado", me provoca mostrarle las fotos de Carmen de Urea. Nadie controla a la naturaleza, pero bien podrían estos personeros de gobierno-Estado, pararle un poco más a la frecuencia que están alcanzando los sismos en Venezuela, no con los medidores de Funvisis y la linaza que usa su presidente para declarar con unos rizos que compiten con los de Dudamel, sino con el entrenamiento que requieren todas nuestras comunidades. Cuando llegue "la grande" como decía mi abuela, no habrá canal de televisión, ni emisora radial, ni Blackberry que soporte el grito.

Datos:
Tu kit de primeros auxilios debe contener: radio, linterna, pilas (fuera de los aparatos para evitar que se sulfaten), gasa, curitas, algodón, adhesivo, agua, pito y caramelos. Puedes sumarle (si la capacidad del bolso lo permite) alguna prenda de vestir.

Protección Civil a nivel nacional atiende al número gratuito: 171 Otro número habilitado es el: 0800-Temblor (0800-8362567).

Algunas medidas preventivas: http://sismos.cricyt.edu.ar/?q=node/6

Dejo igual, un artículo de Carlos Genatios y Marianela Lafuente: http://sicsemanal.wordpress.com/2009/05/04/terremotos-y-pobreza-dos-calamidades-venezuela-sismo-temblores/ para darle otra mirada a estas situaciones.

30 años de sentencia

03 abril 2009


La venganza nunca se satisface, no se da por bien servida, no cesa; es como si permanentemente encontrara razones para multiplicarse o recrearse en las que ya posee y sigue así, reproduciéndose endógenamente, hermafrodita y destructiva. Sólo se necesita a sí misma para existir y seguir clamando con hondo cinismo lo que no estimula ni obtiene: paz.

La sentencia a los comisarios tiene como uno de sus ejes la venganza. Es esta una prueba más de la avanzada de un sistema de gobierno que vende la hegemonía, fundada en el riesgo que representa el que discrepa; en su potencialidad para desestabilizar lo que supuestamente han ido construyendo los que hoy ostentan el poder.

Pero el poder no es suficiente. Haber mimetizado todas las estructuras del Estado a la voz de un solo hombre, tampoco. Hace falta más, por eso se planteó esta semana el recurso del carnet para los miembros del Psuv, otra cédula de identidad que haga más cerrada la base de datos de los que otorgarán venias sin remilgos. Este poder necesita amainar sus propias competiciones, esa medición interminable de quién obedece más y mejor; quién lleva más gente a una marcha, quién publica el aviso en prensa más rojo y con mensajes de entrega, esperando la bendición del Pop Star.

30 años a los comisarios. No hizo falta ni uno para que los llamados pistoleros del Llaguno, recibieran reconocimientos, medallas cívicas y políticas para sus armas no registradas y las punterías que ningún juicio probó. Si produjeron muertes sus disparos es irrelevante. Ellos estaban del otro lado, con sus pómulos llenos de labial rojo, haciendo vívido el recurso de la violencia que signó un día lóbrego, sombrío para todos los que marchamos, independientemente del lugar en el que estuvimos.

Son estos 30 años a los comisarios, la privación de libertad a Baduel, el juicio a Manuel Rosales, la revocatoria de mandato a Pérez Vivas, la reapertura del expediente en Fiscalía de Capriles Radonski, el vacío de espacios y funciones al Alcalde Mayor. O te quito a ti, o te quito lo que tienes. Pero tengo que acabar contigo. Es menos complejo que criminalizar la disidencia, es miserable, básico, cicatero: es venganza. ¿Quién celebra estos “triunfos”? ¿Quién explica estos logros revolucionarios? ¿Quién se tomará una cerveza esta noche brindando por la sentencia?

Y son muertes a diario, que en el primer trimestre del año 2009 revelan un aumento dramático de más del 30% de homicidios con respecto al año pasado; esto no convierte en estadísticas simples a cada mujer, hombre, adolescente o niña asesinados, en un porcentaje, si no en una ausencia irreparable para sus familiares, para quienes les amaron. ¿Quién celebra esto? ¿Quién posee la victoria de la violencia como sistema, de la muerte como un asunto más de nuestra cotidianidad?

Es venganza, poder y encono. Porque el miedo es un gran recurso para quien lo produce. Y del otro lado somos tantos los que nos preguntamos ¿qué hacer?, ¿cómo encararlo?, ¿ante quién denunciarlo? Y terminamos concurriendo a las dos soluciones primeras: confinarnos a nuestros mundos privados, protegiéndonos bajo el engaño de hacer tranquilos la vida en un país que hace imposible la paz, o, evaluar las posibilidades de marcharnos como ya han hecho tantos, engrosando esos flujos migratorios que durante décadas recibimos pero que jamás previmos formar. Priorizar lo privado, que de lo público se encarguen otros.

A esos otros dirigiré mis rabias, temores, críticas, porque efectivamente no hacen lo que hay que hacer, porque me resultan incompetentes, porque no representan la alternativa necesaria.

Es un juego trancado el de la venganza y el odio. Creo que, uno de los dramas mayores, es la evidencia de saber que la clase que deseas destruir, coincide –no por casualidad- con la población económicamente activa, que forma parte del sector formal de la economía, que hace posible la empresa privada, que paga servicios, impuestos, aranceles, ¡que produce! Y cómo arriesgar el recurso que me permite ser solvente y construir la vida, para dedicarme a marchar, protestar, obstaculizar aquello con lo que no estoy de acuerdo. ¿Cómo? ¡Muchos de mis amigos me lo han dicho! Muchos han tenido la cortesía de felicitar lo que hago, mi área de desarrollo, las cosas que escribo o declaro en algún medio: “nadie como tú para decirlo así, Naky”. Y me quedo suspirando, pues tiendo a imaginar a muchas y muchos, me recreo con la fuerza de más voces y mejores ánimos, sumando pues, sumando.

Mi apuesta es constructiva, por eso amo lo que hago, es mi empleo y es mi pasión, pero días como hoy me nublan. Veo los ojos de LuisCarlos, siento su mano apretando la mía, y me dice lo que no pronuncia: sí podemos. Yo también lo creo, pero no deja de exasperarme saber que la venganza nunca se satisface, y con ella al frente será imposible construir con paz, erigir la paz.

Lesbianas

03 marzo 2009


Llego a la cocina y coloco las bandejas para volver a surtirlas con lo que ya habíamos preparado: unos trozos de queso palmizulia con coronas de aguacate; más queso –esta vez mozzarella- con rodajas de tomate, cazabe con atún y otros tantos que fuimos inventando con lo que teníamos y compramos. ¡Cecilia me pegó un susto tremendo!, se había venido tras de mí, y por andar yo tan concentrada en el arreglo de los tentempiés, ni cuenta me había dado de su presencia.
- Esas mujeres se besaron.
Asentí en automático, revisando la oxidación de algunos pedacitos de aguacate, y sólo después de sacar el cuchillo de plástico de la primera gaveta, la miré para entender el tono horrorizado.
- ¿Me escuchaste? Te dije que esas mujeres se besaron.
Volví a decirle que sí con la cabeza; a veces me fastidia la terquedad de LuisCarlos, haberle encasquetado el atún a los cazabes, obviamente los mojó y perdieron lo tostado, lo que más me gusta. Levanto la mirada porque ella no terminaba de hablar.
- En la boca, Naky. Se besaron en la boca.

Rebobiné muchas cosas, pero guardé silencio y le pedí que me acompañara a la sala, que allí conversaríamos mejor –es que en la cocina no hay sillas-. Aceptó de mala gana, resistida supongo, a contemplar nuevamente una escena amorosa entre mis amigas. Después de repartir las bandejas, me fijé en unos cuantos vasos mal puestos, parte de las obligaciones de ser anfitrión es cuidar en simultáneo la atención de los invitados tanto como tu mobiliario, no sé por qué somos tan descuidados con vasos húmedos sobre la madera, y los portavasos son como la luz amarilla de cualquier semáforo, la gente pasa de largo, acelera para dejarlos fuera de la fórmula. Regreso a la cocina y ella tras de mí:
- ¿Qué son? ¿Lesbianas?
- Sí claro, son una pareja de mujeres, que se aman, que conviven, que se besan Cecilia, igualito que lo haces tú con Esteban cuando no te da por sacarle impertinentemente –delante de terceros-, sus descuidos románticos. Son una pareja.
- ¿Y eso a ti no te importa? ¿No te da nada? ¿No te produce nada?
- Admiración y ternura, como cualquier pareja que va por la vida intentando integrarse a pesar de sus diferencias.

Media vuelta y a la sala. Ella se quedó viendo las matas en la ventana del fregadero, como revisando el tamaño de la menta versus la sábila, comprobando que el romero es tieso y los rábanos dan hojas grandes. Me arrepiento, sé que no fui justa, es decir, no me ajusté a la presentación de su generalizado prejuicio, y seguro se debatía entre la pertinencia de permanecer ahí o marcharse con su sempiterno novio pero recién estrenado marido. Tan cabal Cecilia, tan predecible. Otro vaso fuera de orden, goteando sobre el parquet y tanto que coleteamos ese piso, no qué va, me levanto y lo recojo, coloco mi mano bajo el borde para evitar el agua condensada en lo cóncavo de su estructura, pero el recorrido hacia la cocina me revelaba muchas más gotas que le precedieron y ya están repletas de sucio esplendoroso.
- Cuál es el problema, cuéntame.
- Que son dos mujeres, eso es contranatura.
- Contra natura es la violencia y en ella vivimos. Natural, necesario e inexcusable es el amor, pasa, no tiene género, ni orientación; simplemente es.
- Detesto tu poesía hasta para esto.
- Yo detesto tu cara de asco, justo por esto.
- Eso es lo que me producen, ¿las conociste en una marcha de esas a las que vas para el orgullo gay?
- No. Las conocí en el período en que decidí ser bisexual.

Touché. Muerto el impasse y nació el rumor, un bisbiseo que gracias a las redes digitales no tardó ni medio día en llegar a mí. Y yo muerta de risa, leyendo los comentarios apoyada en el hombro de Elecé, que descalificó mi estocada cuando se supone debí ser más comprensiva. Me separo de mi cómoda estancia para preguntarle si acaso es incluyente el activismo y el amor. Pasamos un rato largo discutiendo el tema, pues soy una convencida que sí, pero que el activismo no es la marcha, no es la tertulia especializada, ni la sola solidaridad de gheto; mi fe en el activismo comienza con la práctica. No le doto de características extraordinarias a mis amigos LGBT, ni creo que debo tener coroticos con la bandera –aunque tengo sopotocientas cosas de arcoiris- para saberme o sentirme comprometida con su causa. Yo creo que se construye con prácticas.

Coincidimos días después en una arepera, ella me esquivaba la mirada porque sabía que yo sabía. Con mi chinche me da por inventarle a Esteban una encuesta que llené por Internet, y le pregunto cuál es su escena erótica por excelencia, la que le vuela los tapones. Él sonríe como escondido, mira a Cecilia en una solicitud de permiso insincera, y responde clarito:
- ¡Coño pana, dos tipas besándose! ¡No por Dios, no puedo con eso!

¡Ay, la promesa del trío!, o el erotismo de un género que se manifiesta multiplicado en dos de sus exponentes… sensualidad, intemperancia, lubricidad, tantos descriptivos y sin embargo se nos olvida el amor, desde mi óptica, la fuerza más potente para aprender a estructurar y descartar lo bueno y lo malo de eso que las minorías tenemos a bien llamar: modelos dominantes. Me pasó en mis estudios de género, entrevistando feministas cuya construcción de lenguaje a veces me desconectaba, por incomprensible o compleja y muchas veces por aburrida. Heterodominante, antropocéntrica, patriarcado, subordinación, discriminación, etc. Y por muchas vueltas que le daba, más me iba convenciendo que dotarme de esa batería de conceptos y juicios solo contribuía de manera definitiva a la propagación de la noción machista, de la visión machista que no de lo opuesto o contrario. Tanta rabia no contribuyó por ejemplo al incremento sostenido de niñas, adolescentes y mujeres en el sistema educativo venezolano. No hace falta haberte leído a Simone de Beauvoir para ver docenas de féminas caminando en simultáneo cada mañana rumbo a sus trabajos –tanto que a veces me pregunto con mucha seriedad dónde están los hombres-. Este vueltón para decirte Cecilia querida, que ser mujer es definitivo, no se discute ni está asociado ni se confirma por aquel o aquella a quien ames o que te guste; que la palabra lesbiana a lo mejor es un agravio para ti, pero por lo regular es más fácil que algún tarado por insultarte te llame puta. Que a diferencia de los homosexuales masculinos, las lesbianas son más bien omitidas de este tema de la reivindicación de derechos civiles, aunque Ellen Degeneres le parece sensacional a un gentío que ve su programa por Sony o yo qué sé cuál canal de cable.

Yo te dejo de lo poco que sé, unos libros y unas autoras que le entran con cariño al tema, son ellas: Susana Guzner en “La insensata geometría del amor”; la supuestamente plagiadora Lucía Etxebarría con “Beatriz y los cuerpos celestes” o finalmente la cubana Zoé Valdés en “Te di la vida entera”. Que se ama Cecilia, se ama, si te lo digo yo que también soy una desviada por hacer la vida con un hombre al que le llevo unos años y hasta fui capaz de sabotearme nuestros pininos por el resto de la humanidad. Y no, no he sido bi, soy una feliz y común heterosexual, enamorada de un hombre al que le complace autodenominarse lésbico, condición que confirmo; una mujer a la que nadie le ha expresado más amor o respeto por su orientación sexual, una que va a la marcha de la diversidad sexual por la misma razón que a la graduación de su sobrino: por amor.

27 de febrero

26 febrero 2009


El país retumbó y yo era una adolescente. Estábamos en la clase más desagradable de todo el bachillerato: un imbécil de apellido Milano que tenía de docente lo mismo que yo de yugoslava, hacía las veces de explicar física, pero su voz atorrante distraía en mí cualquier capacidad de atención. La hermana Julia entró sin tocar la puerta y nos pidió severamente que recogiéramos todas nuestras cosas, luego habló al oído con el mentecato. Un barullo multiplicado rondaba la estructura del colegio, cosa francamente inusual en horas regulares de clases. La hermana se colocó en el centro del pizarrón y dijo que algo muy grave estaba ocurriendo afuera, que era imperioso organizar nuestra salida inmediata y organizada, por lo que, fue separándonos dentro del salón por zona de residencia.

Yo miré con la certeza de que sólo una de mis compañeras vivía en mi urbanización, pero no compartíamos salón, ni la había visto ese día. Salimos en el orden dispuesto, con más preguntas que datos. Nadie acertó sus especulaciones, ninguna se acercaba ni un poco a lo que estaba sucediendo. Mientras en el colegio se quedaban estructurando el orden de los transportes, recibiendo llamadas de padres y madres, controlando a las más pequeñas para quienes cualquier ida al patio era exactamente un recreo y nada más que un recreo, nosotras emprendimos el regreso a casa, y a diferencia del grupo más numeroso que utilizaría la avenida Rómulo Gallegos para hacerlo, bajamos a la Francisco de Miranda, para recibir el primer impacto visual: dos camiones de Pepsi Cola, volcados a la altura de una sede bancaria, habían bañado con más vidrios que líquido, ambos tramos de la avenida, así que entre las aceras con un volumen regular de gente, fuimos armando nuestras columnas para mantenernos juntas, conversando y meditando sobre lo que podría estar pasando. Despedimos a la tajada que bajaría a La Carlota y seguimos rumbo al este.

Siempre me ha tranquilizado saber donde vivo, principalmente porque Palo Verde está más allá de Petare, uno de los principales focos de rutas urbanas de Caracas, allí convergen más de cien líneas de autobuses a lo largo del día y la noche, una enorme ventaja desde cualquier perspectiva. Nuestra merma más importante ocurrió en Los Ruices, pues era la siguiente zona geográfica para ser beneficiaria del colegio. Nos quedamos tres que iban a La California, dos a El Llanito-, una a Buena Vista y yo allá, donde Jesucristo dejó la chola.

Cruzar el provisional –ya tiene 30 años- elevado de Palo Verde, aún con lo temprano era poco menos que imposible. Muchos negocios en la redoma de Petare cerraban y abrían sus santamarías en una especie de arritmia colectiva, pues más peso tenían los rumores que aquello que efectivamente estaba ocurriendo entre ellos. Un barullo mayor se propagaba por los cerros a mi tránsito, cornetas de autobuses y carros, gente más acelerada, gente arrecha, gritos, insultos, rabia, mucha rabia en la vibra. Unos estudiantes como yo echaban broma en la otra acera, a la altura del mítico bar Anacoco, me aullaron algo que no llegué a oír, o quizás sí pero ya no lo recuerdo. Le pregunté a un señor de la cauchera 24 horas qué estaba pasando, y luego de revisarme de abajo a arriba me dijo muy serio que siguiera pa’ mi casa porque todavía me faltaba alguito. Me paré en la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, y otra vez vi rostros alterados, hasta los consecuentes catequistas de siempre, recomendaban con firmeza que subiéramos a nuestros hogares porque la cosa estaba color de hormiga.

Terminé la empinada subida hacia el edificio con señoras comprando cosas y un tráfico espantoso en la avenida central. Llegué a casa y mi hermana tenía encendidos –como buena estudiante de periodismo- tres televisores y dos radios, combinando noticias con nuestro sempiterno teléfono gris de Cantv, sin candado entre los aros de los primeros números pues la adolescencia estaba superada por los dos hijos mayores, y yo no era muy dada al servicio telefónico, total, mi mejor amiga vivía apenas tres edificios más abajo. Naya que veía un reportaje y yo escuchaba otro: Guarenas como primer foco de protesta, luego Catia, luego El Valle y Coche, después Antímano, el 23 de enero, gente en las calles, gente protestando contra el paquete de Pérez. En algún momento dijeron Petare. Y así, delante de nosotras comenzó el grito de saqueo, en la urbanización que estelarizó la frase del Musiú Lacavalerie: ¡Vengan pa’ que lo vean!

Mi ciudad se encendió. Si te asomabas al pasillo de los ascensores podías ver la movilización en José Félix Rivas, si lo hacías al balcón verías la agresión injustificable que vecinos de tantos años acometían contra sus comerciantes. La tienda de licores, la papelería de la esquina, la panadería, todo, cualquier cosa, en un júbilo repugnante, incontrolable, generalizado. En algún momento las despensas se acabaron, no había más que asaltar. Y no mucho tiempo después llegaría la Guardia Nacional, desplegando hombres a lo largo de la avenida principal, una arteria que serviría de zanja y trinchera, pues entre los claros de los edificios se veía al cerro con precisión sin viceversa posible. Las azoteas también servían, todo contribuyó a la acción del Estado.

A misa pudimos ir días después. El recorrido hacia Las Vegas era desolador. Ver los agujeros que las balas habían hecho en las paredes de los edificios servía para recordar vehementemente las detonaciones que les dieron origen, los gritos de noche en los barrios vecinos, la angustia de mis padres por hacernos dormir en la sala, con más de una pared de por medio con respecto a la calle; la previsión de mamá por distribuir la comida con prudencia, la televisión encendida casi todo el día, las llamadas de familiares, de amigos; los militares dando versiones que Matías Camuñas, nuestro párroco, desmentiría en sus homilías con toda la cólera que semejantes crímenes despertaban en un hombre tan del pueblo como de Dios.

El país retumbó y aún hoy no hay cifras del total de muertes que se produjeron en esos días, muchas versiones, más dilaciones en los procesos. Se violaron derechos humanos y se acabaron las posibilidades de trabajo de varios comerciantes que por mi urbanización no pudieron levantar de nuevo su capital para trabajar. La pobreza dejó de ser un pasaporte directo al cielo para convertirse en eje de las reflexiones de mucha gente que entendió la urgencia de resolver semejantes condiciones de vida, en un país con los recursos de Venezuela. No habrá indemnización que pague el dolor de los desaparecidos y muertos, pero aún hoy, no hay un Estado que dicte sentencia. Mi ciudad se enciende todos los días, en la violencia como hábito, en el irrespeto como fórmula, en la muerte como dictamen. Las cosas siguen color de hormiga.

Sobre el futuro

18 febrero 2009


Le di respuesta al mensaje de un buen amigo, y ahora me da por compartirla aquí:

La barrera de la abstención fue más bien baja. Esto no es una tontería. Insisto, se rompió la barrera de los cinco millones a favor de la oposición, y al contabilizarlos es justo decir que atendieron a su carácter crítico, pues no respondieron a maquinaria alguna, no hubo efectivamente, listas, ni camionetas al servicio de su traslado gratuito, ni obsequio de materiales pop, o jugos “Los Andes” para que cumplieran con su derecho de votar. La oposición gana un millón de votos y el gobierno pierde uno, cuando tras 10 años de construcción socialista debió ver crecer la suma de sus partidarios. Lo pierden con la elección que más desamparo operativo le lega a la oposición, pues cualquier esfuerzo de organización resultaba pequeño versus tantos recursos del Estado utilizados a mansalva, sin árbitro electoral, ni Fiscalía, ni Defensoría, ni nada.

La afirmación según la cual, con este resultado perdimos todos, no la respaldo. La inconstitucionalidad de este referéndum, pasó a ser la última de las razones por la que la gente que apoyaba el NO iba a votar esa opción. Vale decir que, tantos años de desintitucionalización, hacen mella significativa en nuestra propia percepción del sistema en el que vivimos. Una fórmula muy sencilla de ser expresada: si aún creyendo que es inconstitucional, la elección se va a celebrar ¿qué puedo hacer? Pues voy y voto, o no lo hago, pues ya lo hice el 2 de diciembre de 2007 y no se respetó. Luego, esto de enmendar un principio constitucional como la alternabilidad no es una pérdida para un montón de gente que ni valora ni comprende la importancia de nuestra carta magna, ni si quiera la cree útil. Sólo el tema de la violencia vulnera de modos inescrutables el principal derecho humano: la vida, y al sol de hoy, hablamos de las estadísticas de muerte como un problema sustancial, pero no le damos el giro que tanto dolor y tanto miedo producen en nuestras lecturas del propio evento de estar vivos.

Pero, ¿por qué se espera el voto?, ¿por qué no nos expresamos en otras rutas?, ¿por qué se hace tan costosa la militancia? ¿Por qué hay una desconexión tan profunda entre la necesidad de nuevos liderazgos y los potenciales protagonistas de partidos políticos (nuevos o viejos)?

La creatividad para gestar alternativas necesita de ganas y respeto. A veces me cuesta comprender cómo se puede integrar efectivamente una sociedad cuyo balance de la diferencia, es más útil que el arqueo de sus soluciones comunes. Tenemos problemas enormes, con evidencias que parecieran no despertar la necesidad de soluciones compartidas, de agendas cooperativas, y es que a veces me da por creer que el propio ritmo de la hostilidad, hace más difícil la estimulación y el acoplamiento de nuestras intenciones nobles. Ya saben, salir del tráfico sonriendo, saberte inseguro pero caminar con soltura, sentirte humillado pero pensar en prospectiva.

¿Quién carrizo en una discusión no se ha imaginado echándole en cara los reclamos hacia los puntofijistas, repitiendo incesantemente que en tanto tiempo de gobierno fueron incapaces de hacerlo bien, o del otro lado, imaginarse que en una discusión le estás reclamando al mismísimo Diosdado –por ejemplo- en el rostro de un psuvista que nada tiene que ver con él?

Cuando veo a Mario Silva y escucho sus exposiciones, me parece que habla otro idioma, que vive en un país completamente distinto al mío. Si escucho a Nelly –una de las participantes del programa de formación para líderes comunitarios en Valencia- es distinto. Y sé que Nelly cree en Mario, pero también cree en mí. Y ahí, es donde se puede hacer diferencia. Deja muy claro cuánto y cómo influye la formación en gente que necesita algo más que sus 15 minutos de fama en algún programa de entrevistas de televisión. El tema con los estudiantes universitarios es ese: pueden hoy estar convencidos que su rol es para ser desempeñado de la universidad para afuera, y ese terreno tiene dos vertientes: los medios cubriéndote en la calle o los medios cubriéndote en estudio. Entreno voceros, y prometo certeza en esta variable. Pareciera que la inclusión de Goicochea en Primero Justicia o de Freddy Guevara como concejal metropolitano, privó –en el sentido más peyorativo posible- de “rostros frescos” a nuestra manida oposición.

Bien. Necesitamos entonces una intensiva campaña de aprecio y revaloración hacia los partidos políticos. Una campaña que explique su importancia pero que además de cuenta de la necesidad de su fortalecimiento por parte de nosotros mismos. Los líderes que necesitamos podemos ser nosotros, pero ya sabemos, no para conceder entrevistas a El Carabobeño o El Nacional, sino para ir de aquí a allá y recorrer el terruño, tratando de establecer qué queremos como proyecto de país alternativo, qué necesitamos y, estructurar, sistematizar, una vez más, nuestras necesidades pero estimulando nuestras potenciales soluciones. Vamos al futuro sí, pero necesitamos ir con mejores instrumentos, más gente organizada no sólo para marchar, sino para construir desde los instrumentos democráticos que aún tenemos, a pesar de tanto insulto, amenazas y descalificaciones. No apoyar la gestión en curso, no nos hace gente “de derecha”, ni apátridas, ni desestabilizadores. Del mismo modo, apoyar al presidente no nos hace brutos, ni agresivos, ni pendencieros.

Necesitamos buenos colirios de lado y lado, y eso lo vamos a repartir con nuestro trabajo sostenido en formación, en estas notas que compartimos, en un proceso reflexivo continuo e insisto, acompasado con el recorrido vital que debemos hacer en nuestras regiones con mucha fe en las ganas de cambio que seguro sortean a tanta gente.

Si son ciertas las creencias de mi familia y mi religión, y los tiempos de Dios son perfectos, entonces apoyo la idea que cuatro años son una buena plataforma temporal para ser menos reactivos y más propositivos; para construir, eso es: para construir.

...Y Ayacucho su lauro inmortal

13 febrero 2009


José Gregorio es el sexto de ocho hermanos. Tiene 46 años, una ex mujer, una mujer y una novia. Dos muchachos con la primera –de los que ya enterró uno-, dos más con la segunda y uno en camino con la tercera. Admite no ser el mismo, estar cansado de tanto cansancio, y admite igual la imprudencia de haberse “acostado con una carajita que me pidió siempre que no usara el condón porque le dolía mucho”.

Trabajó en Corimón muchos años como mensajero, y tiene buenos recuerdos de las fiestas de navidad, de la cesta llena de botellas, pasitas y aceitunas, y por supuesto del cheque más gordo del año. Salió por la crisis económica y desde entonces es un free lance con moto propia: un “tolque” que sólo lo ha dejado mal tres veces, y todas han ocurrido en plena autopista, cerca de su casa por La Urbina.

Su familia vive en Caripito, y la de su mujer -la primera, porque a la segunda no le conoce más que una hermana- en Yaguaraparo, por lo que las vacaciones siempre le pican en la piel, en esa combinación infalible de zancudos, sol y calor. Su primer hijo murió en un problema de bandas hace ya seis años, y no lo olvida, declarando que si el que está en camino le sale varón lo llamará igual: Antonio José, como el Mariscal de Ayacucho.

José Gregorio recuerda que esa era su materia favorita en la escuela. Le entusiasmaba oír historias de la historia, y él cree que a su maestra Gisela –fue la misma durante dos años seguidos- también le emocionaba más esa cátedra que las otras de números o letras repetidas. Por eso le gustó Chávez. Para él, nadie ha hablado tanto de la historia de Venezuela como este presidente, y sólo por eso, comenzó a jorungar los libros de sus hijos más pequeños para refrescar algo de lo aprendió tanto tiempo atrás.

José Gregorio se anotó en un Círculo Bolivariano, y conoció de cerca a un coordinador nacional de nombre Ulises, pero duró muy poco en el cargo, y entonces el “contacto” no le sirvió de mucho. Está convencido que cuando Amelia –la segunda esposa- se entere del embarazo de la muchacha, lo va a matar, y por eso está vuelto loco, haciendo más carreras que nunca porque “nada más contenta a esa mujer que tener real y secarse el pelo”. Yo me río y él me ve las canas, me ve los pelos sueltos y se ríe también.

Ni Zaira, ni José Miguel, ni Yelitza conocen otro presidente que no sea Chávez. Y el que viene en camino ¡menos! Tres hijos y un presidente. Tres mujeres y un solo presidente.

Ya no se siente tan valiente como hace años, pero es que: tampoco en aquellos días había tantas motos, ni tanto malandro suelto haciendo dizque de taxista de dos ruedas. No señor, en Corimon todos teníamos que andar bien vestidos, con un maletín en buen estado y con casco, porque si no ¡ni te dejaban entrar! Ahora es diferente. Se le paran los pelos de pensar que a Zaira cualquier malandro le monte una barriga; pero ¿con qué cara le va a decir algo? Zaira le parece bonita e inteligente, está estudiando en la Simón Rodríguez y trabaja en el Provincial. Y aunque a Amelia no le gustaba eso de estar mezclando las crías de una y otra, terminó accediendo a las reuniones con todos los hijos cuando supo que Zuleima –la primera mujer- se consiguió otro marido. Por eso sus hijos han crecido juntos, y lloraron igual la muerte de Antonio José.

Votará no. No entiende nada de que si es inconstitucional, que si el 2 de diciembre fue la misma vaina o que si todo aquí se decide por voto y no por más nada. Simplemente ya no quiere al presidente. Ya no más. Se separó de Zuleima por desamor y no tardó mucho en conseguir a Amelia que le calentó el guarapo y el cuerpo, devolviéndole un hogar y la ropa planchada que tanto le costaba a él mismo proveerse. Eso es, no lo quiere más tiempo del que ya se ganó.

Dice haberle dado sus votos en diez elecciones seguidas y que no siente –y al decirlo se lleva la mano al pecho- que la cosa haya cambiado. Su barrio sigue teniendo graves problemas con el agua y ese ritual eterno de la quema de basura donde se le ocurre al que la produce y entonces el olor se queda pegado a paredes, calles, escaleras y niños. La cédula que carga le parece de mentira, como las veces que oye al presidente hablar de amor:

Ese hombre no quiere a nadie más que a sí mismo; dice mientras se rasca la oreja volteando toda la cara, justo cuando detrás de mí pasa un grupo de usuarias de gimnasio -debidamente exhibidos sus vientres y pechos exactos-. El que quiere no se mete en tanto peo ¿o sí? Bueno, menos yo, que tengo a la carajita pendiente de qué vamos a hacer con la barriga, y que si va a vivir conmigo o qué.

Trato de zanjar el tema de su nuevo embarazo evaluando las mejores opciones que tiene. Él no queda muy convencido, pero comprende que es mejor que Amelia se lo escuche a él y no a otro u otra. El peor escenario: que Amelia lo bote, porque está seguro que esa carajita –la embarazada- es tan joven y linda, que seguro consigue marido rápido, recién parida pues.

Me repite que no, que votará no, pero que va a ir a votar. Tenía ya dos elecciones sin ir, pero esta vez si irá. Le da miedo que el tipo gane. Que vuelva con más poder a quitarle lo que tiene, que le quite sus hijos o la casa o el celular que lo ayuda tanto con el trabajo. Me pregunta mi opinión y le hago saber que coincidimos en el voto pero no en las razones, pero que ya voy tarde al estudio de grabación y me toca subir tres pisos por las escaleras. Me pregunta si lo quiero como chofer particular, que me hará un descuento mensual por las veces que me lleve. Le respondo muerta de risa que otro día hablamos eso, que primero le toca arreglar el lío de sus amores, y amarrándose mejor el casco me suelta esto:

Eso sí que lo tengo claro. Yo amo a Amelia, jamás volvería con Zuleima y fui un bruto con la muchachita, pero todos cometemos errores y lo hacemos mal a veces. Por eso es que hay que cambiar a los que gobiernan; mira, esa pendejada de “premiar” los buenos gobiernos es una rolo de mentira: aquí nadie lo hace tan bien como para merecer ese premio, ni Bolívar, ni el Mariscal de Ayacucho, mucho menos Chávez.

El voto es secreto

09 febrero 2009

Todas y todos tenemos el legítimo derecho de expresar nuestra voluntad mediante el voto. A pesar de que esta contienda es inconstitucional por irrespetar abiertamente nuestra decisión del 2 de diciembre de 2007, en la que la mayoría de los votantes dijimos: NO. Es una nueva prueba frente al poder del Estado, su ventajismo, y el irrespeto a sus ciudadanos.

Una pregunta compleja, plantea como eje de esta repetida consulta, la amplitud de nuestros derechos, y eso no es cierto. Explicaciones por parte del gobierno, plantean que es un asunto de postulaciones cuando en rigor, los textos que serán sustituidos –enmendados- hablan específicamente de reelecciones, sin límites, sin garantizar la alternabilidad necesaria en un país con tantos ejemplos de caudillos. Se supone que el planteamiento aborda varios cargos, pero todas las justificaciones por parte del gobierno apuntan a las ventajas y desventajas que recaerán sobre el Presidente y su mantenimiento en el poder, incluso afinando los riesgos de tener una oposición más sólida, capaz de ejercer con propiedad el recurso del referéndum revocatorio, que se supone es una enorme garantía de nuestra Constitución.

Un gobierno sin contrapoderes. Un gobierno que se juega su sostenimiento en el poder en el mandato de un Presidente que ha tenido a bien insultar a placer, avivando rabias, estimulando diferencias, apoyando la merecida inclusión de unos, en la agresiva exclusión de otros. Y ahora nos regala su cara más comprensiva, más democrática. Aparecen los responsables del asalto a la sinagoga y todos los detenidos hasta ahora son agentes del Estado venezolano. Como en el caso de los ocho muchachos en Mérida. No es casual.

Y aunque un par de ministros aseguraron que pueden garantizar que la música y la letra de su opción, están registradas legalmente, y aunque es difícil tenerle fe a la justicia venezolana, a lo mejor y llega el día de saber quién plagió a quién. Mientras eso ocurre, disfruten del ensamble que de ambas piezas hizo mi buen y talentoso amigo, Alfredo Calzadilla. Vamos todos a votar: el voto es secreto.