30 octubre 2014

El vuelo del bichito

1 comentario:
Entra a la sala asustado, sudando, con las manos en los bolsillos. El espacio está muy iluminado, y hay cables gruesos por todas partes, extensiones de corriente, una cámara. Gente a los lados, cada quién en lo suyo, mirando sus celulares, hablando, ignorándolo. Hace un breve paneo de los que están sentados tras la mesa. Sonríe al verla. Es la única mujer del grupo. Luce más fea y gorda que la última vez que la vio en televisión, y eso que se supone que la cámara engorda. Siempre esgreñá. Un oficial le indica la silla donde debe sentarse, justo frente a ella, que revisa una carpeta roída, con muchos papeles apenas sostenidos por un gancho de metal, como el que alguna vez usó para sacarle el ojo a un compañero que le obstinaba la vida en 6to grado de primaria. Nunca volvió a la escuela. 

La espera se prolonga más de lo previsto. No es solo su prueba, es también un pase. Los técnicos miran un monitor chiquitico, no se oye nada porque uno de ellos tiene conectados unos audífonos al aparato. Le preocupa que se le olvide lo que aprendió. Nunca fue bueno para hablar en público, cuando tenía que hacerlo se ponía nervioso, y el pánico a que se le notara el miedo lo obligaba a ser más gritón y agresivo de lo que ya era. Los hombres ni lloran ni sienten miedo... Un grito lo saca de sus recuerdos:
- ¡Estamos listos! ¡Ya está hablando de nosotros! ¡Todos a sus posiciones!

Por primera vez ella eleva la vista. Cierra la carpeta, lleva sus manos a la espalda y trata de acomodarse el sostén, que en medio de tanta masa apenas se mueve. Revisa las mangas de su franela, se la sacude y asiente al coordinador. Cámara encendida, prueba de micrófonos, el tipo de los audífonos vuelve a gritar: ¿TODOS LISTOS? Nadie afirma, solo se quedan como congelados, en silencio. Él siente unas intensas ganas de mear. Coño de la madre. Justo ahorita. El oficial se acerca a indicarle que de ahora en adelante debe verla a ella y solo a ella. Ok

El tipo grita: ¡AHORA! Ella agarra el micrófono y arranca a hablarle a la cámara: "Sí, buenas tardes, camar..". Él deja de oír. Le entra un chillido en los oídos, como la primera vez que lo encerraron en una sala de interrogatorios, aislada y oscura; un chillido más fuerte que el que deja disparar. Le duele la barriga. ¡No puede ser! ¡Pipí y pupú! Sacude la cabeza para obligarse a pensar en otra cosa, y vuelve a oírla: "...el proyecto señor Presidente, la lealtad, la paz... ahora le toca el turno a este joven, démosle el chance, aquí se lo dejo a él". El oficial le pasa el micrófono y él apela a su memoria, al mantra que ha repetido obsesivamente los últimos meses. Una nota de voz que en su celular ha puesto una y otra vez. No sabe lo que significa pero sabe que fue la mejor oferta que le han hecho desde que entró: "Te lo aprendes y vuelas, bichito". No hay esfínter que pueda contra eso. No ahora. Carraspea y mirándola dice en ráfaga:

- Give me everything or I'll break you, bitch! Dammi tutto o ti spacco, coglione! Donnez-moi tout ou je romps, putain!

La sala rompe en aplausos, la cámara casi lo obliga a moverse de la silla. Pero las luces y el micrófono vuelven a ella, a su mano derecha con la que sella la hoja que acaba de firmar. Ella se para sonriente, extiende la mano y dice casi gritando:

- ¡Usted es libre! Ahora, ¡vaya a hacer patria!

28 octubre 2014

La carta de Elías Jaua

1 comentario:
Aprovechando el reposo que demanda mi enfermedad, me permito presentar cuatro aristas de la carta que envía Elías Jaua a las autoridades brasileras para explicar por qué su niñera pretendía ingresar con un arma a Brasil.

El arma

Si usted googlea las características que describen el arma del ministro, encontrará que fue lanzada al mercado en 2001, que posee un cilindro de acero inoxidable y que en varios foros existe la discusión sobre las restricciones de sus municiones, por ser originalmente una edición limitada realizada para la policía de Los Ángeles. El precio de venta oscila entre los $550 y los $650; imposible con un cupo electrónico, pero con el de viajero es diferente.

Jaua indica las fechas de vigencia de su porte de arma. El suyo data de mayo 2012, pero la expedición de estos portes fue suspendida en marzo del mismo año y aún se mantiene, en consecuencia: ¿quién le dio el porte fuera de fecha?, y ¿qué hace un ministro con un arma en el maletín de trabajo?

Los delitos
Su esposa necesita el tratamiento; pero, ¿por qué el ministro traslada a su suegra y su niñera en un avión de PDVSA?
¿Será suficiente para la justicia brasilera que Jaua indique que Yaneth Anza es una trabajadora de su absoluta confianza?
¿Se puede prescindir del cargo de tráfico de armas solo porque Jaua afirme que fue un descuido no sacarla del maletín?


El costo del tratamiento

A la esposa del ministro "se le recetó" ser atendida en el Hospital Sirio Libanés de Sao Paulo, una institución privada, líder en materia oncológica. Allí se atendieron en su momento Lula da Silva, Fernando Lugo y Dilma Rousseff. Una nota del diario La Nación de Argentina indica que para 2012 los tratamientos costaban unos 30 mil dólares.


Polemizar sobre las razones que expliquen por qué la esposa de Jaua no se atiende en Venezuela es inútil. La gravedad del cuadro demanda respeto y ya todos sabemos el desmantelamiento de nuestros sistemas de salud, públicos y privados.
Concentro mi curiosidad en la declaración jurada de bienes del ministro, esa que nos ayude a entender cómo puede pagar semejante cifra, en Sao Paulo o donde sea.


La impunidad
¿Habrá algún fiscal que investigue al ministro? ¿Y un juez para el proceso?
¿Declarará Jaua en algún momento o seguirá esperando un escándalo de mayor contundencia que desplace el suyo?
¿Con toda la corrupción que ventila este suceso, seguirán hablando de los privilegios de los oprobiosos 40 años?

......
Por cierto, el perfil Facebook de la niñera está desprotegido.
Las imágenes son un resumen poderoso de su agenda laboral.

25 octubre 2014

Atención versus tensión

No hay comentarios.:
Mover la atención de la opinión pública es complejo, Nicolás. No se decreta. No hay habilitante que controle la preocupación de un ciudadano. Aunque gastes en propaganda más que en seguridad, aunque pagues sopotocientos bots que posicionen etiquetas cursis en Twitter, o impongas cadenas en radio y televisión.
Esta merengada que reúne la caída de los precios del petróleo, la inflación, la escasez, el poder de los Colectivos, la niñera armada de Jaua (que entrevera tráfico de armas, corrupción y peculado de uso), las epidemias de dengue y chikungunya, la inexcusable ausencia de medicamentos, asesinatos a escoltas de autoridades, sumados a los de tantos ciudadanos, impunes, todo impune.
Y tú empeñado en que te reconozcan la resolución del caso Serra, la adelantada preocupación por el ébola, y ahora, la ferocidad autoritaria contra presos políticos.
Desde hace 2 días tengo una fiebre variable, y no hay reactivos para precisar a qué se debe, ni Acetaminofén para un tratamiento básico, ni siquiera agua en el chorro de mi casa. Tu pasión por el gerundio no solventa mi malestar, ni los de millones de venezolanos que atraviesan otros, regularmente más graves que mi cuadro febril.
La tensión pública está en muchos focos, Nicolás, y la calma tampoco se decreta.